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De la fotografía como recuerdo a la fotografía como acto social

Fotografía como recuerdo

Hace algunas semanas un amigo me propuso que tratara en el blog un tema que me pareció muy interesante y sobre el que nunca me había parado a reflexionar: lo muchísimo que ha cambiado la fotografía, con un objetivo final que pasaba por el recuerdo, por congelar el instante para la posteridad, hasta llegar a la actual fotografía como acto social. No me refiero a la fotografía artística ni al fotoperiodismo porque considero que esos dos campos han mantenido su esencia, con sus más y sus menos, sino a la fotografía “mundana”.

Seguro que todos recordamos los álbumes de fotos de nuestra infancia, la interminable lista de fotografías que nuestros padres, tíos y abuelos conservaban para el recuerdo. Nos hemos visto crecer en imágenes, contemplando nuestros mofletes redonditos de bebé, nuestros primeros pasos, las vacaciones, los cumpleaños, toda nuestra vida en instantes para el recuerdo. Al fin y al cabo, ése era el fin de la fotografía: poder rememorar los momentos que pasaban. La importancia no estaba en el hecho en sí de tomar la foto, sino en el resultado, en conservar en un álbum un pedazo más de nosotros mismos que revivir después.

Fotografía como recuerdo - Familia

Hoy día parece que toda esa esencia se ha perdido, que hacemos fotos para subir a Facebook, que compartimos imágenes en Instagram por mostrar nuestro día a día. Ahora lo que importa es el hecho en sí de hacer la foto para luego publicarla, es lo social lo relevante y no el recuerdo posterior. De hecho, poca gente ve ya fotos, se limitan a visualizar las que aparecen cada vez que acceden a alguna de sus redes sociales, a dar algún “Me gusta” y ya está. Las imágenes quedan relegadas al olvido, justo al contrario de lo que ocurría antes.

Pero aún queda algo de los orígenes. Muy de vez en cuando enseñamos las fotos de la infancia a la gente que nos rodea y sonreímos con nostalgia recordando viejos tiempos. Lo que me apena de todo esto es que parece que ya no creamos recuerdos. Vivimos de los que ya teníamos, pero desde que Internet ha cambiado nuestras vidas nos hemos estancado y ya no conservamos nada. Por eso me gusta lo que hago, dedicarme a la fotografía como recuerdo. Habiendo estudiado Periodismo podría tender a otros campos más sociales e informativos, pero lo que me gusta es ser el testigo que capte esos momentos de la fotografía “mundana” que nos empeñamos en olvidar, captar las imágenes que miraremos en unos años con nostalgia, como ésas que hoy contemplamos de nuestra infancia.

Fotografía como recuerdo - Jesús y Pili

No sé en qué momento se produjo este cambio, pero creo que las redes sociales han hecho mucho daño. Ahora cualquiera busca la fama en una cuenta de Instagram, o conseguir el mayor número de “Me gusta” con no entiendo muy bien qué fin. Las fotos ya no se hacen con naturalidad, se buscan, y al final son “recuerdos” artificialmente construidos. Quizá me paso de dramática, pero echo de menos irme de vacaciones y volver con un carrete que revelar y unas fotos que guardar en un álbum que sé que voy a ver. Tengo infinidad de archivos en mi ordenador de fotografías que no veo, por la frialdad de una pantalla.  Y soy yo la primera que no suele imprimir las imágenes, pero es algo que quiero cambiar. Sé que no voy a mirar de vez en cuando mis carpetas de imágenes en el ordenador. Pero las fotos impresas sí.

Fotografía como recuerdo - Eventos

Como ya he mencionado en más de una ocasión, era muy reacia a crearme una cuenta de Instagram por este motivo entre otros, porque me da la sensación de que pervierte el que para mí es el verdadero significado de la fotografía. Las imágenes antiguas de cada cuenta no existen, sólo vale lo nuevo, y lo nuevo ni siquiera dura unos días. Los recuerdos muchas veces no son tales, son construcciones ficticias para mostrar lo sano que es nuestro desayuno o lo bien que lo pasamos en la playa. ¿Hacemos las fotografías para nosotros o para los demás? Creo que está muy claro lo que viene ocurriendo en los últimos años. Y quizá no sea algo malo que se haya transformado el objetivo final de la fotografía de a pie pero, sinceramente, a mí me apena. Porque tengo la sensación de que en unos años no quedará gente a la que le guste recordar. ¿Y qué somos sin nuestros recuerdos?

Quizá vosotros tengáis una opinión distinta sobre esta evolución de la fotografía, así que estaré encantada de leer vuestros comentarios con las reflexiones que tengáis sobre este tema.

Nos leemos,

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2 comments

  1. Buenas de nuevo Ester, yo siempre guardo mis fotografías más preciadas en mi ordenador, aunque no las saque en papel fotográfico, pero siempre están ahí, con su copia de seguridad para por si acaso. Tienes mucha razón en lo que comentas, mis padres siempre hablan sobre ello y recuerdan con anhelo aquellos tiempos en que hacían fotos con su Yashica y no malgastaban carrete en ciertas cosas, porque tenías un límite…

    Gran entrada!!

    1. Buenos días, Manu.
      Tú siempre fiel a mis entradas 🙂
      La comodidad de las digitales tiene su aquel, pero se pierde cierta magia. Deberíamos saber aprovechar las ventajas que nos ofrece sin olvidarnos de lo que tradicionalmente ha significado la fotografía.

      Muchas gracias por comentar.

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